DISCIPLINA
Tu deseo de cambiar te seduce a prometerte acciones diferentes, casi siempre radicales. Semanas después, muchas de ellas yacen abandonadas al borde del camino.
No es que seamos débiles. El problema es que solemos abordar el cambio como una guerra. Vemos cada acto de resistencia como una batalla. Conforme avanzamos, nuestras espadas se llenan de culpa y de un juicio desmedido hacia nosotros mismos, creando un escenario de lucha constante que terminamos abandonando, no por flojos o poco disciplinados, sino por simple instinto de supervivencia.
Quiero hablarte de la disciplina desde un enfoque diferente. Comencemos por eliminar la idea de que la disciplina es un campo de batalla donde combates tus debilidades, vences resistencias e impones reglas estrictas sin ceder. Un lugar donde intentas someter a tu mente como si fuera el enemigo.
Si seguimos así, lo único que lograremos será un autogolpe de Estado. No podemos ganar una guerra contra nosotros mismos. Una victoria sería también una derrota, porque el vencedor y el vencido son la misma persona. Y lo único que quedaría serían ruinas de autoestima, confianza y alegría. Una promesa de sufrimiento.
Hay otra manera de entender la disciplina.
La tarea debe realizarse. Eso es cierto. Habrá momentos incómodos, días difíciles y situaciones poco agradables. Pero nada de eso exige una resistencia innecesaria.
Te invito a verla como un río que fluye. Nunca fuerza su camino: lo encuentra. Ante un obstáculo no se rompe contra él; lo rodea, se adapta, busca otra vía y, al final, llega a donde debe llegar.
La flexibilidad no es lo contrario de la fuerza. Es una forma más refinada y duradera de ejercerla.
Esta es una vía radicalmente diferente.
La disciplina no te fuerza, te acompaña. No te castiga, te guía.
No es necesario combatir la resistencia. No es necesario tratarte como si fueras el enemigo a vencer. Obsérvate y háblate como quien cuida un jardín que desea cultivar.
Busca el camino de menor resistencia.
El cambio no es doloroso por naturaleza. La disciplina no tiene por qué ser dura. La transformación no necesita quedar atrapada en el “cueste lo que cueste” ni en la idea de que, para funcionar, necesariamente tiene que doler.
Tal vez no estés de acuerdo con lo que estoy diciendo. Quizá pienses que estoy romantizando este concepto. Y si es así, te invito a visitar el cementerio de tus resoluciones y propósitos de Año Nuevo abandonados. Observa el agotamiento y la culpa que tu enfoque marcial ha producido.
Quizá sea momento de intentar algo diferente.
La acción sin fricción innecesaria.
Cuando corro, me repito constantemente: “hazlo fácil”. Sin fricción mental. Sin expectativas sobre el resultado.
No se trata de eliminar el esfuerzo específico. Se trata de eliminar el esfuerzo innecesario.
Me explico.
No es lo mismo enfocarte en una sesión exigente de velocidad en pista que hacerla mientras cargas con el peso emocional de una ruptura, repasas mentalmente todo lo que tendrás que hacer al llegar a la oficina o recreas una y otra vez los escenarios de la última discusión con tu pareja.
Son preocupaciones que, en ese momento, no puedes resolver.
Sin obstrucción. Sin lucha. Sin desperdicio.
Un gesto mínimo, sin violencia. Aceptando el momento progresivo. Entendiendo que la dirección importa más que el destino.
Eso puede marcar una diferencia mucho mayor que cualquiera de tus impulsos reactivos.
La disciplina marcial trata cada falla como una derrota. Saca el látigo de la culpa y nos golpea recordándonos que hemos fracasado, que somos débiles y que, debido a ello, jamás lograremos nuestros objetivos.
Por eso tantas veces terminamos abandonándolos.
DISCIPLINA es tu lugar al que puedes volver, un lugar seguro que te recibe aunque te hayas desviado, es el ritual que te permite hacer, lo que se requiere, sin forzar, confiando en la dirección mas que en el destino, aceptando el momento progresivo, con la finalidad de llegar a ser quien quieres ser.
¿Perdiste un día?
¿Perdiste el ritmo de la semana?
¿Te olvidaste completamente durante todo un mes?
Siempre puedes volver.
Sin drama.
Sin condena.
Sin reproche.
El regreso es el entrenamiento.
El regreso es la transformación, no la perfección.
LA DISCIPLINA ES LA CAPACIDAD DE VOLVER UNA Y OTRA VEZ A NUESTRA INTENCIÓN.
La disciplina pide que te levantes, que encuentres nuevamente el camino. No le importa un desempeño impecable, sino la persistencia sin caos, la fidelidad a la dirección.
La disciplina quiere que llegues sin culpa.
La disciplina quiere que lo logres.
Con cariño.
Héctor Torres “El Capi”